martes, 22 de noviembre de 2011

OSMOSIS

La ósmosis es un fenómeno físico-químico relacionado con el comportamiento del agua como solvente de una solución, ante una membrana semipermeable para el solvente (agua) pero no para los solutos. Tal comportamiento entraña una difusión simple a través de la membrana del agua, sin "gasto de energía". Laósmosis es un fenómeno biológico importante para la fisiología celular de los seres vivos.
El resultado final de una ósmosis es que, aunque el agua pasa de la zona de baja concentración a la de alta concentración y viceversa, hay un flujo neto mayor de moléculas de agua que pasan desde la zona de baja concentración a la de alta. Dicho de otro modo: si se separa un líquido en dos particiones, una de agua pura y otra de agua con azúcar, dando suficiente tiempo, parte del agua de la zona sin azúcar habrá pasado a la de agua con azúcar. El agua pasa de la zona de baja concentración a la de alta concentración.
El proceso de ósmosis sólo se da si las soluciones ubicadas a cada lado de la pared celular tienen distintos índices de concentración. El agua pasa a través de unos filtros desde la solución menos concentrada para diluir a la otra más concentrada, así se igualan en concentración. Cuando se produce éste fenómeno, el agua transporta a los químicos presentes en la solución dentro y fuera de la célula.
Se denomina membrana semipermeable a la que contiene poros, al igual que cualquier filtro, de tamaño molecular. El tamaño de los poros de la membrana semipermeable para la osmosis es tan minúsculo que deja pasar las moléculas pequeñas pero no las grandes (normalmente del tamaño de micras). Por ejemplo, deja pasar las moléculas de agua que son pequeñas, pero no las de azúcar, que son más grandes.
Las moléculas de agua atraviesan la membrana semipermeable desde la disolución de menor concentración (disolución hipotónica) a la de mayor concentración (disolución hipertónica). Cuando el trasvase de agua iguala las dos concentraciones en la osmosis, las disoluciones reciben el nombre de isotónicas.
Todos estamos constituidos físicamente por tres cuartas partes de agua. Para la vida de cualquier organismo, son de vital importancia las soluciones con base acuosa. Es claro que cualquier célula viva dependerá de su capacidad para disolver compuestos, para que los químicos esenciales puedan ser absorbidos y extraídos de la célula en el proceso de ósmosis.
 
 
 
 

POTENCIAL DE DIFUCION

El movimiento del agua y los solutos.


Hay dos mecanismos involucrados en el movimiento del agua y de los solutos: el flujo global y la difusión . En los sistemas vivos, el flujo global mueve agua y solutos de una parte de un organismo multicelular a otra, mientras que la difusión mueve moléculas e iones hacia dentro, hacia fuera y a través de la célula. Un caso particular de difusión, el del agua a través de una membrana que separa soluciones de diferente concentración, se conoce como ósmosis.

El flujo global es el movimiento general, en grupo, de las moléculas de agua y solutos disueltos, como, por ejemplo, cuando el agua fluye en respuesta a la gravedad o a la presión. La circulación de la sangre a través del cuerpo humano es otro ejemplo de flujo global.
La difusión implica el movimiento al azar de moléculas individuales o de iones y resulta en el movimiento neto a favor de un gradiente de concentración. Este proceso es más eficiente cuando el área superficial es mayor con relación al volumen, cuando la distancia implicada es corta y cuando el gradiente de concentración es pronunciado. Por sus actividades metabólicas, las células mantienen pronunciados gradientes de concentración de muchas sustancias. La velocidad de movimiento de sustancias dentro de las células también se incrementa por corrientes citoplasmáticas.
La difusión es el resultado del movimiento individual al azar de las moléculas (o iones). Produce un movimiento neto de partículas desde la región con mayor concentración a la región con menor concentración. Este movimiento es a favor del gradiente de concentración. Obsérvese que las moléculas de colorante (en rojo) difunden hacia la derecha, mientras que las de agua (en azul) difunden hacia la izquierda. El resultado final es una distribución uniforme de ambos tipos de moléculas.


TEORIA CINETICA DE LOS GASES

SI NOSOTROS entendemos por teoría cinética de la materia el intento mediante el cual se desean explicar las propiedades observables en escala gruesa o macroscópica de sistemas que en el mundo que nos rodea se encuentran en alguna, o más, de las tres fases: gaseosa, líquida o sólida, a partir de las leyes que gobiernan las partículas microscópicas que los forman, es evidente que, en alguna forma u otra, es necesario que recurramos a la imaginación, a la intuición y, en cierta medida, a la observación para conceptualizar a dicho sistema. En otras palabras, la información que podemos obtener de este sistema está limitada a la observación y medición de algunos de sus atributos accesibles a nuestros sentidos. Estos atributos reflejan su naturaleza gruesa o macroscópica, como lo son su volumen, masa, presión, temperatura, color, etc. Pero a partir de esta información poco o nada podemos aprender del comportamiento individual de cada uno de los millones y millones de átomos o moléculas que los forman. De aquí que tengamos que recurrir a la imaginación para crear mentalmente un modelo en el cual, a través de ciertas hipótesis, podamos describir algunas de las características de esta enorme población de moléculas. Este modelo contendrá un mínimo de hipótesis y con base en ellas, habrá que deducir si las propiedades gruesas del sistema descrito por dicho modelo, concuerdan con las observaciones realizadas en el laboratorio y con las propiedades de un sistema real. Si la concordancia es satisfactoria, diremos que el modelo es apropiado para describir a ese sistema, si no, habrá que modificarlo hasta obtener uno que sí lo sea.
Antes de pretender discutir algún modo específico para la materia, y en particular para los gases, que serán los primeros que abordaremos en nuestro estudio, es conveniente sensibilizarnos con las órdenes de magnitud de las poblaciones moleculares que estaremos contemplando.

Uno de los primeros hechos que aprendemos en la escuela es que si tomamos dos o más gases, cualquiera que éstos sean, y los confinamos en otros tantos recipientes, todos ellos de igual volumen, y los mantenemos en iguales condiciones de temperatura y presión, el número de moléculas en todos esos gases es el mismo. Ésta es la famosa hipótesis de Avogadro, introducida por el físico italiano Amedeo Avogadro en 1811 con el objeto de intentar explicar un hecho experimental obtenido por otro físico, el francés Joseph Gay-Lussac, tres años antes.




Amedeo Avogrado
Sobre la base de experimentos muy cuidadosos, Gay-Lussac concluyó que si dos o más gases reaccionan químicamente entre sí, los volúmenes de los gases reactivos y los gases productos están relacionados entre sí por números enteros simples. Por ejemplo, si descomponemos vapor de agua en sus constituyentes, hidrógeno y oxígeno, el volumen ocupado por el hidrógeno es precisamente el doble que el ocupado por el oxígeno. Si hacemos reaccionar nitrógeno y oxígeno para formar el óxido nítrico, un gas incoloro, un volumen de oxígeno y un volumen de nitrógeno producen dos volúmenes de óxido nítrico. Estos resultados fueron desechados por Dalton como incorrectos al no concordar con su teoría atómica de la materia, pero no nos detendremos aquí para ver por qué. En este momento nos interesa explicar cómo las ideas de Avogadro pudieron ubicar los experimentos de Gay-Lussac dentro del marco de ideas de una teoría atómica.




John Dalton
Además de la hipótesis arriba citada, Avogadro sugirió también que algunos de los elementos químicos que se encuentran en la naturaleza en fase gaseosa pueden no estar constituidos por un solo átomo del elemento constituyente, sino por dos o más unidos estrechamente entre sí para formar una molécula. En la formación del óxido nítrico se obtienen dos volúmenes del producto a partir de un volumen de cada uno de los reactivos, nitrógeno y oxígeno, respectivamente. Si en la figura 2 cada volumen representado contiene el mismo número de moléculas, un número dado de moléculas de oxígeno debe combinarse con el mismo número de moléculas de nitrógeno para dar el doble de moléculas de óxido nítrico.


Figura 2. Formación del óxido nítrico a partir de nitrógeno y oxigeno. 


En otras palabras, 100 moléculas de oxígeno darán lugar a 200 de óxido nítrico, 10 de oxígeno a 20 de óxido nítrico, 1 de oxígeno a 2 de óxido nítrico. Pero cada molécula de óxido nítrico contiene algo de oxígeno, por lo que la molécula original de oxígeno tendrá que haberse partido en dos mitades, cada una de ellas dando Iugar a una molécula del producto. Avogadro concluyó así, que tanto el oxígeno como el nitrógeno consisten de moléculas conteniendo al menos dos átomos.
Llevando a cabo razonamientos similares para otras reacciones encontró que el oxígeno se desdobla frecuentemente en dos mitades y nunca en más. De aquí infirió que cada molécula de oxígeno no tiene más que dos átomos del elemento. Las mismas consideraciones extraídas de las experiencias de Gay-Lussac mostraron que otros elementos gaseosos como el hidrógeno, el nitrógeno, los halógenos (cloro, yodo, bromo y flúor), están formados por moléculas constituidas por la unión de dos átomos. Éstas se conocen con el nombre de moléculas diatómicas.
La explicación de la formación del agua a partir de sus elementos constituyentes encontrada por Gay-Lussac es inmediata. A temperaturas superiores a 100°C, dos volúmenes de hidrógeno reaccionando con un volumen de oxígeno producen dos volúmenes de vapor de agua. En la figura 3 vemos que un número dado de moléculas de hidrógeno se combina con la mitad de ese número de moléculas de oxígeno para dar un número igual de moléculas de agua. Dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno dan dos moléculas de agua. Pero cada una de las moléculas originales tiene dos átomos, esto es, cuatro átomos de hidrógeno y dos de oxígeno dan dos moléculas de agua. Cada una de ellas estará constituida por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.


 
 
Figura 3. La formación del vapor de agua a partir de sus elementos constitutivos. Dos volúmenes de hidrógeno reaccionan con un volumen de oxígeno para dar dos volúmenes de agua.
Medite el lector cuidadosamente sobre los argumentos vertidos en los párrafos anteriores. Los hechos experimentales observados por Gay-Lussac son de naturaleza macroscópica, es decir, se refieren a volúmenes de gases fáciles de medir en el laboratorio. Las ingeniosas hipótesis de Avogadro, producto de su imaginación, fueron suficientes para concluir que el volumen ocupado por un gas a presión y temperatura dadas sólo depende del número de moléculas presentes en el gas. Esta conclusión ha sido tan exhaustivamente confirmada que ahora la consideramos como un hecho indiscutible. ¡El modelo molecular ideado por Avogadro concuerda completamente con la realidad! Veamos ahora cómo podemos explotarlo para obtener la información que buscamos, esto es, las órdenes de magnitud de las poblaciones moleculares que debemos manejar.

Para ello recordemos que la definición de un átomo gramo para un elemento dado es la cantidad de dicho elemento cuya masa atómica es igual a su masa expresada en gramos. Así, un átomo gramo de oxígeno es igual a 16 g; uno de hidrógeno 1.008 g, etc. Un átomo gramo de cualquier elemento contiene el mismo número de átomos que un átomo gramo de cualquier otro elemento. Este número es una constante de la naturaleza conocido como el número de Avogadro (No) cuyo valor se estima en:*
No = 6.02 x 10 23 átomos/átomo gramo
Por último, recordemos también la definición de un gramo-mol, o simplemente mole, que es la extensión del tan útil concepto de átomo gramo al caso de compuestos. Una mole de un compuesto es la cantidad de dicho compuesto cuya masa es igual a la masa determinada de la fórmula del compuesto expresada en gramos. De esta manera una mole de cloruro de sodio (NaCl), (Na =22.99, Cl = 35.45), tiene una masa de 22.99 g de sodio (Na), más 35.45 g de cloro (Cl), lo que da igual a 58.44 g de NaCl. Véase que por definición una mole de una sustancia contiene el mismo número de átomos de cada uno de los elementos constituyentes que una mole de cualquier otra sustancia. Como este número es el mismo que el número de átomos en un átomo gramo, dado por el número de Avogadro, este número determina también que en una mole de cualquier sustancia haya 6.02 x 1023 átomos de cada elemento constituyente. Así pues, una mole de un gas como el oxígeno contiene 6.02 x 1023 moléculas de oxígeno, etcétera.

Con esta información volvamos a las ideas de Avogadro. Si bajo las mismas condiciones de temperatura y presión, volúmenes iguales de todos los gases contienen el mismo número de moléculas, entonces se puede determinar que el volumen ocupado por una mole de cualquier gas a presión de una atmósfera y 0°C es de 22.4 lts.
Esto es, en 22 400 cm3 hay moléculas, lo que es aproximadamente igual a 2.69 x 1019 moléculas. En un milímetro cúbico, que son 10 -6 cm3, habría entonces
2.69 x 1013 moléculas y así sucesivamente. Manejar milímetros cúbicos en el laboratorio es llegar casi al límite de los volúmenes accesibles a la experimentación y sin embargo estamos hablando de poblaciones moleculares de más de un millón de millones (más exactamente, 27 billones de moléculas). ¿Cómo proceder entonces a imaginar la forma en que se comportan estas partículas en estas condiciones? Pues de la misma forma como Avogadro y los precursores de la teoría cinética de los gases lo hicieron: construyendo, o mejor dicho, ideando modelos. 

NOTAS
* La notación l0n donde n es un número entero positivo arbitrario, implica que la cantidad a la izquierda de 10n va acompañada de n ceros, a la derecha. Ejemplo: 1 x 106 |= 1 000 000 = un millón.

lunes, 21 de noviembre de 2011

PROPIEDADES COLIGATIVAS DE LAS SOLUCIONES

Muchas de las propiedades de las disoluciones verdaderas se deducen del pequeño tamaño de las partículas dispersas. En general, forman disoluciones verdaderas las sustancias con un peso molecular inferior a 104 dalton. Algunas de estas propiedades son función de la naturaleza del soluto (color, sabor, densidad, viscosidad, conductividad eléctrica, etc.). Otras propiedades dependen del disolvente, aunque pueden ser modificadas por el soluto (tensión superficial, índice de refracción, viscosidad, etc.). Sin embargo, hay otras propiedades más universales que sólo dependen de la concentración del soluto y no de la naturaleza de sus moléculas. Estas son las llamadas propiedades coligativas.
Las propiedades coligativas no guardan ninguna relación con el tamaño ni con cualquier otra propiedad de los solutos.
Son función sólo del número de partículas y son resultado del mismo fenómeno: el efecto de las partículas de soluto sobre la presión de vapor del disolvente (Ver Figura superior).
Las cuatro propiedades coligativas son:

 DESCENSO RELATIVO DE LA PRESIÓN DE VAPOR
La presión de vapor de un disolvente desciende cuando se le añade un soluto no volátil. Este efecto es el resultado de dos factores:
  1. la disminución del número de moléculas del disolvente en la superficie libre
  2. la aparición de fuerzas atractivas entre las moléculas del soluto y las moléculas del disolvente, dificultando su paso a vapor
Presión de vapor
disolvente puro
disolución
Cuanto más soluto añadimos, menor es la presión de vapor observada. La formulación matemática de este hecho viene expresada por la observación de Raoult (foto de la izquierda) de que el descenso relativo de la presión de vapor del disolvente en una disolución es proporcional a la fraccion molar del soluto (Ver figura inferior).


Si representamos por P la presión de vapor del disolvente, P' la presión de vapor de la disolución y Xs la fracción molar del soluto, la ley de Raoult se expresa del siguiente modo: 


 

de donde se obtiene que :


 

con lo que:

 

Esta fórmula nos permite enunciar la ley de Raoult: la presión de vapor de la disolución es igual a la presión de vapor del disolvente por la fracción molar del disolvente en la disolución. Esta fórmula tiene validez para todas las disoluciones verdaderas.
Cuando se trabaja con disoluciones diluidas como las biológicas, cuya molalidad oscila entre 0 y 0,4, se puede utilizar una fórmula aproximada. Si por ejemplo, la molalidad m = 0,4 hay 0,4 moles de soluto en 1000 g de agua, o lo que es lo mismo, 0,4 moles de soluto por cada 55,5 moles de agua, ya que 1000 g de agua (peso molecular =18) son 55,5 moles:


 

Por otro lado, la fracción molar del soluto (Xs) es:

 

y por lo tanto,

 

De acuerdo con esta fórmula, el descenso relativo de la presión de vapor es proporcional a la molalidad, si la disolución es diluída.



La temperatura de ebullición de un líquido es aquélla a la cual su presión de vapor iguala a la atmosférica (Figura de la derecha).
Cualquier disminución en la presión de vapor (como al añadir un soluto no volátil) producirá un aumento en la temperatura de ebullición (Ver Figura de la tabla). La elevación de la temperatura de ebullición es proporcional a la fracción molar del soluto. Este aumento en la temperatura de ebullición (DTe) es proporcional a la concentración molal del soluto:
DTe = Ke m
La constante ebulloscópica (Ke) es característica de cada disolvente (no depende de la naturaleza del soluto) y para el agua su valor es 0,52 ºC/mol/Kg. Esto significa que una disolución molal de cualquier soluto no volátil en agua manifiesta una elevación ebulloscópica de 0,52 º C.
Diagrama de fases
Algunas constantes ebulloscópicas




La temperatura de congelación de las disoluciones es más baja que la temperatura de congelación del disolvente puro (Ver Figura de la tabla). La congelación se produce cuando la presión de vapor del líquido iguala a la presión de vapor del sólido. Llamando Tc al descenso crioscópico y m a la concentración molal del soluto, se cumple que:
DTc = Kc m
siendo Kc la constante crioscópica del disolvente. Para el agua, este valor es 1,86 ºC/mol/Kg. Esto significa que las disoluciones molales (m=1) de cualquier soluto en agua congelan a -1,86 º C.

Diagrama de fases
Algunas constantes crioscópicas






La presión osmótica es la propiedad coligativa más importante por sus aplicaciones biológicas, pero antes de entrar de lleno en el estudio de esta propiedad es necesario revisar los conceptos de difusión y de ósmosis.
Difusión es el proceso mediante el cual las moléculas del soluto tienen a alcanzar una distribución homogénea en todo el espacio que les es accesible, lo que se alcanza al cabo de cierto tiempo (Figura de la izquierda). En Biología es especialmente importante el fenómeno de difusión a través de membranas, ya que la presencia de las membranas biológicas condiciona el paso de disolvente y solutos en las estructuras celulares (Figura de la derecha).
La presencia de una membrana separando dos medios diferentes impone ciertas restricciones al proceso de difusión de solutos, que dependerán fundamentalmente de la relación entre el diámetro de los poros de la membrana y el tamaño de las partículas disueltas. Las membranas se clasifican en cuatro grupos :
  • impermeables: no son atravesadas ni por solutos ni por el disolvente
  • semipermeables: no permiten el paso de solutos verdaderos, pero sí del agua
  • dialíticas: son permeables al agua y solutos verdaderos, pero no a los solutos coloidales
  • permeables: permiten el paso del disolvente y de solutos coloidales y verdaderos; sólo son impermeables a las dispersiones groseras.
  •  
impermeables
semipermeables
dialíticas
permeables

En Biología y en Fisiología, al hablar de disolvente nos referimos al agua, pero los solutos pueden ser:
  • coloidales (proteínas, polisacáridos)
  • verdaderos de tipo molecular (glucosa, urea)
  • verdaderos de tipo salino (NaCl, KHCO3)
Ósmosis es la difusión de líquidos a través de membranas. Supongamos una disolución de NaCl separada del disolvente por una membrana semipermeable que, como hemos visto, permite el paso del agua pero no de la sal (Figura izquierda de la tabla). El agua tiende a atravesar la membrana, pasando de la disolución más diluída a la más concentrada (Figura central de la tabla), o sea, en el sentido de igualar las concentraciones. Esta tendencia obedece al segundo principio de la termodinámica y se debe a la existencia de una diferencia en la presión de vapor entre las dos disoluciones. El equilibrio se alcanza cuando a los dos lados de la membrana se igualan las concentraciones, ya que el flujo neto de agua se detiene.


Se define la presión osmótica como la tendencia a diluirse de una disolución separada del disolvente puro por una membrana semipermeable (Figura central de la tabla). Un soluto ejerce presión osmótica al enfrentarse con el disolvente sólo cuando no es capaz de atravesar la membrana que los separa. La presión osmótica de una disolución equivale a la presión mecánica necesaria para evitar la entrada de agua cuando está separada del disolvente por una membrana semipermeable (Figura derecha de la tabla).
Para medir la presión osmótica se utiliza el osmómetro (Figura de la derecha), que consiste en un recipiente cerrado en su parte inferior por una membrana semipermeable y con un émbolo en la parte superior. Si introducimos una disolución en el recipiente y lo sumergimos en agua destilada, el agua atraviesa la membrana semipermeable y ejerce una presión capaz de elevar el émbolo hasta una altura determinada. Sometiendo el émbolo a una presión mecánica adecuada se puede impedir que pase el agua hacia la disolución, y el valor de esta presión mecánica mide la presión osmótica.

Las leyes que regulan los valores de la presión osmótica para disoluciones muy diluídas (como las que se manejan en Biología) son análogas a las leyes de los gases. Se conocen con el nombre de su descubridor Jacobus H. Van t'Hoff (fotografía de la izquierda), premio Nobel de Química en 1901, y se expresan mediante la siguiente fórmula:
p= m R T
donde p representa la presión osmótica, m es la molalidad de la disolución, R es la constante universal de los gases y T es la temperatura absoluta.
Si comparamos la presión osmótica de dos disoluciones podemos definir tres tipos de disoluciones:
  • disoluciones isotónicas son aquéllas que manifiestan la misma presión osmótica que la disolución de referencia
  • disoluciones hipotónicas son aquéllas que manifiestan menor presión osmótica que la disolución de referencia
  • disoluciones hipertónicas son aquéllas que manifiestan mayor presión osmótica que la disolución de referencia
La membrana del eritrocito puede considerarse como una membrana semipermeable, que permite el paso del agua, pero no de las sales. En un medio isotónico (de igual presión osmótica), el eritrocito permanece inalterable (Selecciona Isotonic en la animación de la derecha). Si el eritrocito se introduce en agua destilada o en un medio hipotónico el agua atravesará la membrana hacia el citoplasma, con lo que aumenta el volumen celular, distendiendo la membrana hasta que llega un punto en que ésta se rompe (Selecciona Hypotonic en la animación de la derecha). Este fenómeno se conoce con el nombre de hemolisis. Si el eritrocito se pone en un medio hipertónico (de mayor presión osmótica), el agua sale del eritrocito hacia el exterior, con lo cual su volumen disminuye, y la membrana se retrae, de forma que ofrece al microscopio un aspecto estrellado (Selecciona Hypertonic en la animación de la derecha).

medio isotónico
medio hipotónico
medio hipertónico
Resulta, por tanto, vital para la célula mantener constante la presión osmótica del medio intersticial. Cuando la célula se encuentra en un medio donde la osmolaridad es distinta a la de su medio interno, tanto su funcionamiento como su propia integridad se encontrarán amenazados. Para ver la animación de la izquierda, pulsa el botón "Actualizar" del navegador.